Los Oscars
Vaya por delante que la primera alegría me la llevé cuando escuché pronunciar el nombre de Amy Madigan como mejor secundaria por su magnética creación del personaje de Gladys en la estupenda “Weapons”. Lleva tantos años en el negocio, tuve la oportunidad de verla en el papel de Stella junto a Jessica Lange como Blanche y Alec Baldwin como Stanley en un teatro de Nueva York en 1992. Actriz comprometida, casada con otro extraordinario actor que merecería también ser premiado – Ed Harris, ¿quién no recuerda su papel en “The Hours” -, ha sido capaz de crear un icono del cine de terror como en su día hizo Anthony Hopkins con su Hannibal Lecter.
Luego fueron cayendo los premios, algunos sobre los que no puedo opinar – no he visto F1 y por lo tanto no puedo juzgar su sonido, sí el gran trabajo que las tres chicas hicieron con la fascinante Sirat -. Tampoco he visto todas las películas nominadas a la mejor película extranjera. Tengo pendiente la ganadora , ayer pude ver la escalofriante y más necesaria que nunca La voz de Hind. De Sirat ya escribí en su día y me faltan la brasileña, la ganadora Sentimental Value y Un simple accidente.
En cuanto a la fotografía encantado que haya ganado una mujer por primera vez, y obviamente no solo por eso, sino porque su trabajo en “Sinners” es magnífico. Sentía debilidad por la fotografía con luz natural del brasileño Adolpho Veloso en la poética “Train dreams”, pero contento porque “Sinners” es una magnífica película, estupendamente rodada, magníficamente interpretada, con una banda sonora espléndida y que merece un apoyo más contundente por aquellos que solo ven en ella un mero entretenimiento. Es una estupenda película de género de terror y a los que no la hayan visto lo mejor es que vean los títulos de crédito hasta el final porque hay sorpresa.
Para mí la mejor película del año, y justamente premiada ha sido “One battle after another”. La vi en París en un preestreno en una sala Dolby Vision en vo y desde el minuto uno hasta el final no despegué los ojos de la pantalla. Fascinante, original, políticamente comprometida, con los fabulosos Leonardo di Caprio, Benicio del Toro, la magnética Teyana Taylor, el descubrimiento Chase Infiniti y el siempre perfecto Sean Penn. Y Paul Thomas Anderson llevaba ya muchos años con unas cuantas obras maestras a sus espaldas como para volver a ser ninguneado.
El premio para Jessie Buckley por Hamnet era inapelable, y contento por el de mejor actor a Michael B Jordan interpretando a dos gemelos en Sinners. No le vendrá mal una cura de humildad a Chalamet y le servirá para pensar bien lo que dice sobre otras manifestaciones artísticas antes de hablar.
Y sí, encantado con que la mejor canción haya sido “Golden” porque siempre que la escucho me pongo a dar botes de alegría.
El momento más triste de la gala, y el más emotivo, fue ver el desfile de terribles pérdidas. Robert Duvall, Claudia Cardinale, Diane Keaton, y entre muchos otros, Robert Redford, homenajeado en directo por Barbra Streisand.
En fin, que de lo que se trata es dejarse de plataformas e ir al cine. Ya sé que da pereza, ya sé que todos preferimos el sofá de casa para poder levantarnos cuando nos da la gana. Pero la experiencia en un cine no tiene color. Exige concentración, exige silencio, exige ninguna interrupción, exige un móvil apagado. Exige centrarse un par de horas para perderse en un mundo imaginario y soltar las cadenas de la absurda inmediatez que anestesian sentidos e inteligencia.
Y sí: me encanta la gala porque da gusto ver a gente bien vestida, para variar.
PS: Jessie Buckley, Michael B Jordan y Amy Madigan con sus premios.




